Comer oro, la nueva tendencia gastronómica

 

El oro es el único metal que sin importar el momento de la historia siempre ha estado situado en la escala más alta de importancia, admiración y poder, gracias a su brillo, color y escasez. Es un metal que evoca múltiples sensaciones y que atrapa las miradas hasta del más despistado.
Por esta razón se ha convertido en referente de múltiples escenarios de la economía mundial. Ejemplo de ellos es el valor que toma cuando las bolsas de valores se tornan inestables, las divisas oscilan mucho, la estabilidad de las tasas de interés no son acordes a los inversionistas, entre otros.
El oro es un commodity aceptado sin importar en que lugar del planeta ser encuentre, por eso incluso en varias ciudades del mundo, incluyendo Medellín, se han implementado los cajeros de lingotes y monedas de oro, que son visitados de forma frecuente turistas y curiosos.
Pero adicionalmente el oro ha tomado un significado de lujo muy alto, lo que ha motivado a la industria a usar este metal en pequeñas cantidades para decorar los artículos producidos, con el propósito de darle una connotación especial y diferenciarlos de los demás.
El clásico baño de oro es una de las formas más comunes de agregar tono brillante a los objetos para aumentar su atractivo y puede aplicarse a cosas pequeñas como anillos, pulseras, medallas, aretes, cadenas, esferos, celulares y más, hasta elementos de gran dimensión como maquinaria, estatuillas, vehículos e incluso se han creado rumores sobre la posible aplicación de esta técnica para aviones.
La segunda estrategia para aplicar oro en algunos productos cotidianos con el objetivo de exaltar su belleza, ha sido en el clúster de la moda, donde por medio de hilos o delgados filamento de oro se alcanzado un nivel de lujo y decoración que ha sido reconocido y admirado en las prendas de alta moda.
Pero el premio a la creatividad y el ingenio para darle lujo a los productos de consumo en la vida cotidianidad lo han ganado los chefs. Quienes han incursionado en la aplicación de este metal precioso a un nivel extremo, convirtiéndolo en placer gastronómico. Así como lo lee, es oro para comer en pequeñísimas cantidades, usado específicamente para la decoración y posterior consumo en la preparación de postres o algunos platos internacionales.
El primer ejemplo de ello es el Golden Phoenix cupcake, una pequeña torta que actualmente ostenta ser la más cara del mundo, con un valor de 800 dólares por unidad. Este postre está elaborado con chocolate de los mejores cacaos italianos y escamas de oro de 24 quilates, se ofrece en la pastelería Bloomsbury’s ubicada en la ciudad de Dubai.
Para muchos es una pequeña obra maestra de calidad culinaria, pero para otros un producto extravagante y extremadamente costoso.

El segundo lujo culinario que atrapa la atención es el sushi preparado por el chef Angelito Araneta Jr. un maki o rollo que estaba envuelto en hojas de oro de 24 quilates y espolvoreado con diamantes africanos de 0.20 quilates. Esta extraña obra culinaria fue un encargo de un hombre de negocios japonés que tuvo que pagar más de 2000 dólares.
Al parecer este platillo es algo que piden los hombres para el día en el que planean proponer matrimonio. ¿Después de algo así dirían que no? ¿O que sí?

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Pero el rey de todos los lujos culinarios se lo lleva el Frrozen Haute Chocolate Sundae, un postre de helado que a menos que sean multimillonario te hará sentir culpable por comerte algo así el resto de la vida, pues su costo alcanza la exorbitante cifra de 50 millones de pesos.
Aparece incluso en el libro de Guiness récord como el postre más caro del mundo y para poder comerlo debes ir al restaurante neoyorquino Serendipity 3. El postre es una combinación de 28 tipos de cocoa, adornado con cinco gramos de oro comestible de 23 quilates y llega a la mesa en una copa con ribetes de oro y puedes comerlo con una cuchara de oro sólido.

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Sobre el Autor: David Sanchez

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